sábado, 28 de marzo de 2020

Tenemos lo que hemos sembrado / Fernando Ferrando *

De todo esto habrá que aprender más de una lección. Para empezar, hay que devolver a los políticos la consideración social que han perdido desde la crisis del 2008. Hay que pagarles más y devolverles los privilegios perdidos. Sí, hablo en serio, no es ironía. 

Durante años hemos estado culpando a los políticos de todos nuestros males. Llamándoles inútiles, parásitos, aprovechados, etc. Exigiéndoles viajar en segunda y porque en el Ave no hay borreguero, porque si no, les habríamos enviado con las cabras. Les dijimos que tenían que comer menús de 15 euros y si piden un chupito, han de pagárselo de su bolsillo. 

Les hemos exigido el justificante de las chaquetas que compraron cinco años atrás. Les hemos hecho escraches y les hemos llamado de todo menos guapos. Luego llegaron los podemitas y para ir al Congreso se vistieron como si fuesen a una barbacoa.

Ahora, en plena tempestad, en el puente de mando tenemos lo que tenemos: profesionales mediocres que no han pagado una nómina en su vida, ni se han enfrentado a una crisis en su empresa que amenazaba con dejarles en la calle. Gente demasiado joven como para haber aprendido la lección más importante que nos da la vida: la experiencia.

En una crisis sin precedentes, sale el Presidente del Gobierno en la televisión y aprovechas para ir al cuarto de baño. Es un producto de marketing, que te habla de los muertos del coronavirus con el mismo tono y los mismos gestos estudiados que si te estuviese dando las conclusiones de una reunión ordinaria con los sindicatos. 

Por cierto, a ver si ponemos al endiosado Iván Redondo en su sitio: un buen profesional del marketing, que pone la realidad al servicio del político. Y eso es justo lo contrario de lo que se espera de un buen presidente del gobierno. Comparar los discursos de Sánchez con los de Churchill o Martin Luther King, por poner dos ejemplos, es como comparar en el cine a James Stewart con Steven Seagal.

Los buenos profesionales prefieren ganarse la vida de cualquier forma antes que en política. Ganan más dinero, tienen más prestigio y sus empresas no les cuestionan el ticket de la comida, ni el gintonic que se han tomado con un cliente. Cuando viajan, lo hacen en primera y nadie husmea en sus cuentas de cinco años atrás en busca de un titular que pueda arruinarles la vida.


(*) Ingeniero Industrial y licenciado en Ciencias Económicas


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