SEVILLA.- El 39% de los jóvenes andaluces de entre 25 a 34 años considera que
comprar o alquilar una vivienda le genera un problema que afecta a su
salud, según se desprende de los datos de la Encuesta Social 2025 sobre
Bienestar y Calidad de vida de la población Andaluza publicados por el
Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA)
Además, el 82,8% de la población andaluza
considera que no es fácil encontrar una vivienda a un precio razonable
en su zona de residencia, mientras que el 89,9% de los encuestados está
satisfecho con vivir en su entorno residencial.
La encuesta,
elaborada a partir de más de 5.000 entrevistas telefónicas y on line
realizadas entre octubre de 2025 y enero de 2026, analiza el tiempo
libre, las relaciones sociales, la salud física y emocional y la
influencia de factores como la formación, el empleo, la vivienda o el
entorno en la percepción del bienestar personal.
Por grupos de
edad, la dificultad de acceso a la vivienda se intensifica entre los
adultos jóvenes, ya que casi el 88% de las personas de 25 a 44 años
afirma que no es fácil acceder a una vivienda asequible en su zona.
Además, el grado de urbanización marca diferencias acusadas: mientras el
30,5% de quienes residen en zonas rurales cree fácil encontrar vivienda
a un precio razonable, esa percepción cae al 6,4% en las ciudades.
En el ámbito del ocio, las actividades preferidas por la población
andaluza son pasar un rato en familia (76,7%), descansar (75,9%) y
quedar con amistades (61%). La encuesta detecta además diferencias por
sexo, ya que los hombres dedican más tiempo a hobbies o pasatiempos
personales (64,6%) que las mujeres (54,9%), mientras que ellas asumen en
mayor proporción tareas de cuidado de familiares o personas
dependientes (27,7%, frente al 22,5% de los hombres).
Respecto
al uso de internet durante el tiempo libre, el 64,4% no considera que
perjudique sus relaciones familiares, sociales o de convivencia, frente a
un 26,5% que cree que sí puede afectarles de alguna manera, mientras
que un 9% afirma no usar internet en su ocio. Esa percepción negativa es
más frecuente entre las personas de 25 a 34 años, grupo en el que
alcanza el 38,7% y disminuye hasta el 17,4% en la franja de 55 a 64
años.
En materia de relaciones sociales, el IECA vincula la
vulnerabilidad social a la precariedad económica. Así, el 20,6% de las
personas con menores ingresos siente que no recibe ayuda de su entorno,
frente al 9,8% entre las rentas altas.
Además, el sentimiento de
exclusión social afecta al 18,7% de quienes viven en hogares con menores
ingresos, casi cuatro veces más que el 4,7% registrado en los hogares
de mayor renta.
La estructura del hogar también influye en esa
fragilidad. Las personas que viven solas y los hogares monoparentales
son los que más echan en falta ayuda externa y los que en mayor medida
perciben indiferencia del entorno, mientras que el sentimiento de
exclusión social alcanza el 14% en ambos tipos de hogar, el doble que
entre quienes viven en pareja y sin hijos.
Además, la
percepción sobre el turismo en el día a día es en general moderada, ya
que el 83% no cree que suponga una dificultad en su zona de residencia.
No obstante, esa molestia aumenta en las ciudades, donde la aprecia el
18,8% de la población, frente al 8,4% en municipios rurales.
Por provincias, el propio resumen del IECA destaca que el 29,9%de los
residentes en Málaga y el 23,1% de los de Cádiz sí consideran que el
turismo dificulta su vida cotidiana.
Por otro lado, solo el 18,6% de la población andaluza asegura
disfrutar de un sueño ininterrumpido, mientras que el 33,5% afirma
despertarse siempre una o varias veces durante la noche. Del mismo modo,
el 21,1% de las personas ocupadas y/o estudiantes termina siempre tan
cansada del trabajo o de estudiar que le cuesta realizar las tareas
domésticas.
En materia de descanso, el estudio señala además
que el 11,6% recurre habitualmente a fármacos o medicinas naturales para
conciliar el sueño, aunque el 71,7% afirma no necesitarlos nunca. El
uso de pantallas antes de dormir está muy extendido, ya que el 53,3% lo
hace siempre, y solo el 37,3% asegura levantarse siempre descansado.
La encuesta aprecia una brecha de género también en este ámbito: las
mujeres reportan peor calidad del descanso que los hombres, con más
despertares nocturnos diarios (37,6% frente a 29,3%) y una utilización
de ayudas para dormir que duplica la masculina (15,5% frente a 7,6%). En
coherencia con ello, solo el 32,2% de las mujeres dice levantarse
siempre descansada, frente al 42,5% de los hombres.
En
términos generales, la población andaluza muestra una percepción más
positiva de su salud mental que de la física. El 76,2% califica su salud
mental como buena o muy buena, porcentaje superior al registrado en la
salud general (74,2%) y en la salud física (66,5%).
Por sexo,
los hombres presentan mejores valoraciones en las tres dimensiones
analizadas: el 70,3% considera buena o muy buena su salud física, frente
al 62,8% de las mujeres; en salud mental, la diferencia es del 79,7%
frente al 72,9%; y en salud general, del 77,7% frente al 70,8%. La
brecha se amplía entre los mayores de 75 años, donde la percepción
positiva de la salud general alcanza el 57,9% entre los hombres y se
queda en el 41,2% entre las mujeres.
El 20% de la población
andaluza convive con alguna limitación en sus tareas cotidianas debido a
problemas de salud, enfermedad o discapacidad crónica. Esa realidad
afecta más a las mujeres (22,7%) que a los hombres (17,2%) y se dispara
entre las personas de 75 o más años, donde llega al 41,4%. También es
mucho más frecuente en hogares de bajos ingresos (31%) que en los de
rentas más altas (12,3%).
A ello se suma la necesidad de
medicación: el 29,9% requiere fármacos a diario para desarrollar
actividades cotidianas, mientras que el 52,6% asegura no necesitarlos
nunca. La necesidad de medicación diaria más que se duplica entre las
personas que viven en hogares de menores ingresos (44,4%) respecto a las
de rentas altas (19,3%), y alcanza al 45,5% de quienes viven solos.
En el terreno educativo, el 66,3% de la población andaluza está
satisfecha con el nivel de formación más alto que ha completado, con una
valoración superior entre los hombres (68,8%) que entre las mujeres
(63,8%). No obstante, entre las mujeres menores de 34 años la
satisfacción supera a la de sus homólogos varones, aunque la tendencia
se invierte a partir de esa edad.
La encuesta detecta
asimismo diferencias en el tiempo dedicado al empleo. Las mujeres se
concentran más en jornadas reducidas de menos de cinco horas (10,3%
frente al 2,8% de los hombres), mientras que los hombres asumen con más
frecuencia jornadas de entre nueve y doce horas (22,2% frente al 11,9%
femenino).
En cuanto al impacto del trabajo o de los estudios
en el día a día, el 21,1% de la población ocupada y/o estudiante dice
terminar siempre tan cansada que le cuesta realizar las tareas
domésticas, mientras al 59,6% le ocurre a veces y al 19,3% nunca. La
diferencia entre sexos es notable: el agotamiento permanente afecta al
26% de las mujeres y al 16,9% de los hombres.
La conciliación
también arroja desequilibrios. El 14,9% siente que siempre desatiende
sus responsabilidades familiares por motivos de trabajo o estudio, un
49,3% lo experimenta a veces y un 35,8% nunca. Los hombres reportan una
mayor sensación de conciliación, ya que el 39,6% afirma que nunca siente
desatender esas obligaciones, frente al 31,3% de las mujeres.