NÍJAR.- La campaña de recogida de sandía en el Campo de Níjar se ha visto seriamente afectada este jueves por la ausencia de numerosos trabajadores de religión musulmana tras la celebración, el miércoles, del Eid al-Adha o Fiesta del Cordero, una de las principales festividades del calendario islámico.
La incidencia se ha dejado sentir desde primera hora de la mañana en explotaciones agrícolas que esperaban la llegada de cuadrillas, conocidas en el campo como collas, integradas en muchos casos por más de una treintena de trabajadores.
Según fuentes del sector, en algunos tajos no se presentó ninguno de los trabajadores comprometidos, lo que obligó a buscar equipos alternativos en otras comarcas para intentar salvar la jornada.
Según los datos avanzados por la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía, la sandía fue en la campaña hortofrutícola 2024/2025 uno de los principales cultivos de Almería, con una producción de 629.000 toneladas y un valor comercializado de 478 millones de euros, casi un 34% más que en la campaña anterior.
La superficie dedicada al cultivo alcanzó las 11.081 hectáreas, solo por detrás del pimiento entre los grandes productos hortícolas de la provincia.
El desajuste ha provocado retrasos en las previsiones de corte, carga y traslado de sandías hacia almacenes y cooperativas, desde donde la producción se incorpora a los canales habituales de comercialización.
La campaña se encuentra en una fase especialmente sensible, en la que la organización diaria de la mano de obra resulta determinante para cumplir con los tiempos de recolección, transporte y salida del producto.
El Eid al-Adha, también conocido como Fiesta del Sacrificio o Fiesta del Cordero, conmemora para la comunidad musulmana la disposición de Ibrahim —Abraham en la tradición judeocristiana— a obedecer a Dios antes de que, según la tradición religiosa, el sacrificio fuera sustituido por un cordero.
Es una celebración familiar, religiosa y comunitaria de especial relevancia para millones de musulmanes en todo el mundo, marcada por la oración, el encuentro familiar y el sacrificio ritual del animal conforme a las costumbres de cada país y comunidad.
En zonas agrícolas como Níjar, donde una parte esencial de la mano de obra procede de comunidades inmigrantes, especialmente de países de mayoría musulmana, el impacto de esta festividad ha puesto de manifiesto hasta qué punto el funcionamiento ordinario del campo depende de trabajadores que, muchas veces, siguen siendo invisibles en el debate público.
La jornada ha servido también como recordatorio de la importancia económica y social de esta población trabajadora en campañas intensivas como la sandía, el calabacín, el tomate o el pimiento.
Su ausencia puntual, aunque vinculada a una celebración religiosa legítima, ha bastado para alterar la planificación de fincas, almacenes y cooperativas, con consecuencias directas sobre la cadena de producción.
El episodio se produce además en pleno debate nacional sobre los procesos de regularización de personas migrantes que ya residen y trabajan en España.
En territorios como el Campo de Níjar, la discusión no tiene solo una dimensión administrativa o política, sino también productiva: buena parte de la agricultura intensiva necesita trabajadores disponibles, identificados, con derechos reconocidos y con capacidad de integrarse en el mercado laboral formal.
La situación vivida este jueves no cuestiona la celebración religiosa de la comunidad musulmana, sino que evidencia una realidad estructural: sin mano de obra inmigrante, una parte relevante del campo almeriense no puede funcionar con normalidad.
La dependencia se hace visible precisamente en jornadas como esta, cuando la ausencia de cuadrillas completas desordena en pocas horas una planificación diseñada con días de antelación.
Agricultores y empresas han tratado de reorganizar la jornada recurriendo a otros equipos de trabajo y reajustando cargas, horarios y traslados.
La incidencia, en cualquier caso, vuelve a situar sobre la mesa la necesidad de una planificación laboral más estable, una mayor previsión ante festividades relevantes para comunidades numerosas y un reconocimiento más claro del papel que desempeñan los trabajadores inmigrantes en la economía agrícola de la provincia.
La campaña de la sandía continuará en los próximos días con la expectativa de recuperar el ritmo habitual de corte y salida de producto, tras una jornada que ha evidenciado la fragilidad organizativa de un sector altamente dependiente de la disponibilidad diaria de cuadrillas.
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