jueves, 3 de marzo de 2016

Mis impresiones sobre el debate / Ramón Cotarelo *

A vuelapluma porque tengo mucho trabajo. Luego, por la noche, argumentaré algo más estas impresiones telegráficas:

1) El PP y el PSOE, Rajoy y Sánchez son el pasado. Rajoy el pasado medieval; Sánchez el pasado de la transición. Pero los dos pasados, convencionales, sin originalidad, ni empuje, ni siquiera gracia. Amortizados y mojamas. El primero debe irse ya; el segundo puede esperar un par de meses a que lo echen.

2) La intervención de Pablo Iglesias, lamentable. El odio al PSOE lo consume.La referencia a Anguita y Gerardo Iglesias lo sitúa en donde está y no sabe salir: la casposa revancha comunista. Lo de la cal viva, un golpe bajo e indigno y, además, estúpido, porque se ha equivocado de adversario.

3) Rivera, la revelación del día. Se ha comido a Sánchez. Él es el verdadero autor del pacto y él, el auténtico adversario al que Iglesias debería lanzar las críticas. Su reivindicación del centro y sucesor de Suárez es una buena jugada para absorber el electorado del PP y restar voto al centro izquierda.

4) Joan Tardá, la sola voz de un político y parlamentario de altura europea, capaz de hablar con gracia y contundencia del auténtico problema de Estado en España: Cataluña. Frente a él, Rajoy, Rivera y Sánchez forman la confusa amalgama del "no" sin razones, sin proyecto, vacíos.

Luego vuelvo.
La hoja de parra
Después del primer "no" al pacto PSOE/C's, amplío las reflexiones de primera hora de la tarde. Efectivamente, Rajoy y Sánchez son antiguo régimen. Rajoy en sentido estricto un autoritario insufrible con chistes y prepotencia de casino, al frente de una asociación de presuntos mangantes que llevan cuatro años destruyendo el país. Sánchez, una hechura de Rubalcaba, aunque con menos luces, remachado en el engolamiento progre de los años 80, con tanta voluntad de mandar como incapacidad para hacerlo. Iglesias, un revenant comunista con una pátina de falsa modernidad, cuyo odio atávico al socialismo democrático lo lleva a insultar y difamar  a quien necesita convencer a toda costa. Rivera, la sorpresa de la mañana, el más ágil, flexible y rápido. 
Probablemente un depredador neoliberal extremo, un auténtico peligro para sus adversarios, incluido su aliado socialista coyuntural a quien ha parasitado. Tardá, a todas luces el mejor, el único capaz de hilar un discurso con brío, fondo, serio y humorístico al tiempo, en cuyo planteamiento se adivina la agonía de esta España incapaz de recuperarse de los 4 últimos años de involución neofranquista.

Tras el almuerzo, los intervinientes, Garzón, Baldoví, etc, han estado bien, a pesar de la impresentable desbandada de los diputados peperos. Y, hablando de desbandada, que el Parlamento haya adelantado una hora la votación porque había partido de fútbol muestra que, en efecto, este ridículo país no tiene salvación. La intervención crucial de la tarde fue a cargo de Homs, de DiL cuando dijo que, si se admitía el referéndum, DiL (y, sin duda, ERC) apoyarían al gobierno. Quedó así claro que, en contra de lo que decía Sánchez, sí hay mayoría de izquierda en el Parlamento (según el propio Homs), en concreto, 178 diputados (90 de PSOE, 69 de Podemos y confluencias, 17 de DiL y ERC y 2 de IU), aunque, a la vista de la mala baba de Iglesias, sea difícil de visualizar. Pero, en principio, hay mayoría de izquierdas.

La cuestión, la única cuestión, es el referéndum. Lo que condiciona la vida parlamentaria y política española es el referéndum catalán.

El argumento de los socialistas de la pinza entre Podemos y el PP es una excusa. La verdadera pinza en materia de "no" al referéndum, operativa y a la vista de todo el mundo, es la de PP + PSOE + C's; esa que Felipe González, nacionalista carpetovetónico, alienta.

Si el PSOE acepta el referéndum, hay mayoría de izquierda. El bloqueo es el del PSOE. Ahora, la pregunta es: ¿por qué no lo acepta?

Hay varios motivos; razones, ninguna

El primer motivo, porque el partido está dirigido por nacionalistas españoles que comparten con la derecha la bambolla patriótica de los restos de un imperio fracasado al que simulan considerar nación una, grande, libre contra toda evidencia y derechos de las minorías nacionales aquí existentes.

El segundo es el pretexto del respeto a la legalidad vigente. Si la ley positiva (que, por lo demás, hacen y deshacen a su antojo los dos partidos dinásticos sin consultar con nadie, especialmente el más reaccionario de los dos) tuviera siempre preferencia sobre la democracia, la voluntad y los derechos de las minorías nacionales y el principio de legitimidad, este país nunca hubiera salido del franquismo, ni la esclavitud se hubiera abolido en el mundo, ni los afroamericanos hubieran alcanzado la plena ciudadanía, ni las mujeres derecho de voto, ni... La sacralización del derecho positivo es como la hoja de parra con la que los meapilas y los hipócritas cubren las desnudeces del arte clásico.

El tercero, relacionado con el anterior, es la ignorancia y el desprecio de los derechos de las minorías nacionales, en contra del espíritu democrático, como se prueba leyendo las recomendaciones del recientemente fallecido constitucionalista Rubio Llorente y los antecedentes de Escocia/Gran Bretaña y Quebec/Canadá, países de sólida trayectoria como democracias y Estados de derecho.

El cuarto, la presión que los caciques y barones del PSOE, generalmente beneficiarios de una distribución de recursos económicos e influencia política injustos, ejercen sobre su Secretario General para que no se mueva un statu quo que juzgan beneficioso para sus intereses.

El quinto y último es que, como decía ayer Joan Tardá, Pedro Sánchez y sus asesores no tienen ni idea de lo que pasa en Cataluña. Así que llegará un momento de movilización ciudadana catalana y una confrontación, siempre democrática y pacífica, que no podrán reprimir. Y estos ignorantes se caerán del burro al ver que el referéndum al que en su ceguera han cerrado la puerta, les entra por la ventana, impuesto por la Unión Europea, que tendrá que mediar en un conflicto que los españoles son incapaces de resolver.

Entre tanto, y visto que Podemos no quiere gobernar con el PSOE sino destruirlo en cumplimiento del inevitable cuanto ridículo mandato de una Ananké de hace 100 años, y que el PSOE es incapaz de entender el sentido del respeto a los derechos de las minorías, empezando por el de autodeterminación, habrá nuevas elecciones en junio. Si las hay, mi vaticinio es: se hundirá el PP; crecerá Ciudadanos (que lleva todas las trazas de ser la derecha liberal y moderada que aquí se necesita); crecerá también el PSOE (en definitiva, los dos partidos que han tenido la responsabilidad de sacar al país del atolladero en que lo había metido la irresponsabilidad del presidente de los sobresueldos) y Podemos volverá a los porcentajes tradicionales de IU que son los que le corresponden a tenor de su discurso. Los independentistas se quedarán como hoy o crecerán.

La única posibilidad de evitar esa situación es un gobierno de gran coalición a dos (PP y PSOE) o a tres (PP, PSOE y C's) que, visto lo visto, no es imposible ni mucho menos. Ya me dirán ustedes.
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED

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