jueves, 14 de mayo de 2026

Una donación de sangre o una factura de chatarra: los migrantes dan pruebas de su arraigo en la regularización

 ALMERÍA.- El proceso para la regularización administrativa extraordinaria de personas migrantes que ya residen en España está a punto de cumplir un mes desde que se abriera el plazo para presentar solicitudes en las que los interesados han tenido que demostrar su arraigo a través de documentos que acrediten su permanencia en el país, entre los que las ONG que colaboran en el proceso han encontrado, además de empadronamientos o contratos, certificados de donación de sangre o facturas de ocho euros por la venta de chatarra.

"Es una paradoja burocrática casi cruel y perversa: el sistema exige a las personas en situación irregular que demuestren, con precisión quirúrgica, su visibilidad documental durante años, años en los que ese mismo sistema las ha forzado a una invisibilidad sistemática", han apuntado desde el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) de Almería.

El director del SJM-Almería, Daniel Izuzquiza, ha trasladado que desde la entidad ya han tramitado 204 expedientes completos y han emitido 380 informes de vulnerabilidad adicionales, si bien ha apuntado que más allá de estos números han podido ser testigos de las "verdaderas pruebas de humanidad" que se han aportado para acogerse al proceso.

La organización ha dado cuenta de las dificultades que pueden encontrarse algunos de los interesados quienes, cumpliendo los requisitos en el marco del proceso, pueden tener a la hora de acreditar su estancia previa en España.

 "Se les pide existir en el papel a quienes se les ha negado el derecho a existir en la estructura formal de la sociedad", han señalado.

Desde la entidad han incidido así en el valor simbólico de algunos de los documentos presentados por los inmigrantes que tratan de participar en el proceso.

 "Hay una que nos detiene el pulso por su carga dramática y tierna. Es un certificado de donación de sangre", han señalado al considerar que este gesto por parte de una persona irregular representa "la humanidad desbordante".

"Mientras el sistema les da la espalda, ellos ofrecen su propia sangre para salvar la vida de ciudadanos que sí tienen papeles y luego ese mismo gesto de humanidad se convierte en prueba administrativa", han estimado antes de recordar que, a diferencia de otros países, la donación de sangre, plasma y hemoderivados es un acto altruista que no se recompensa.

También han llamado la atención en otro de los documentos "más pintorescos" aportados a un expediente, que demuestra la "dignidad del rebusque" al tratarse de una factura formal --con IVA desglosado y todos los requisitos formales-- emitida por un chatarrero con un valor de ocho euros.

"Pertenece a un muchacho que, en los periodos en que baja el trabajo en el invernadero, se busca la vida recorriendo las calles, recuperando metales y objetos desechados para darles una segunda oportunidad", han explicado al considerar que esta es una muestra de "economía de supervivencia" por parte de "quien no se rinde" y de quien "hace economía de subsistencia con creatividad y esfuerzo".

Además, han advertido que el documento encierra "una ironía suprema" puesto que, según han destacado, "el joven está cumpliendo con la legalidad fiscal" al pagar impuestos del IVA "mientras el Estado le mantiene en la alegalidad residencial", lo que interpretan como una "voluntad inquebrantable de participar en el sistema".

Otras de las pruebas que se encuentran con frecuencia son los comprobantes de envío de dinero a sus países de origen; un documento bancario o de agencia de envío que "en la realidad del SJM es la prueba del sacrificio personal" ya que son "cantidades modestas en apariencia" pero "inmensas en significado".

"Detrás de cada recibo hay hombres y mujeres que sobreviven en condiciones laborales que rozan la explotación, cobrando apenas cinco o seis euros la hora en sectores como la agricultura intensiva bajo plástico, los invernaderos de la huerta de Europa", han manifestado en cuanto a la situación laboral de muchos de los migrantes de Almería.

Con ello, han valorado en estos envíos una "disciplina casi heroica" de quienes "consiguen separar 80 o 100 euros cada mes, o cuando pueden, para enviarlos a su familia al otro lado del océano".

"Las remesas no son solo gestos individuales; son un motor económico global", han considerado en cuanto a ese "recibo arrugado" que "no solo demuestra que el remitente estaba en una ventanilla de una ciudad española en una fecha concreta" sino también que "a pesar de la precariedad, esa persona es el sostén de una familia".

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