"Es una paradoja burocrática casi cruel y perversa: el sistema exige a las personas en situación irregular que demuestren, con precisión quirúrgica, su visibilidad documental durante años, años en los que ese mismo sistema las ha forzado a una invisibilidad sistemática", han apuntado desde el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) de Almería.
El director del SJM-Almería, Daniel Izuzquiza, ha trasladado que desde la entidad ya han tramitado 204 expedientes completos y han emitido 380 informes de vulnerabilidad adicionales, si bien ha apuntado que más allá de estos números han podido ser testigos de las "verdaderas pruebas de humanidad" que se han aportado para acogerse al proceso.
La organización ha dado cuenta de las dificultades que pueden encontrarse algunos de los interesados quienes, cumpliendo los requisitos en el marco del proceso, pueden tener a la hora de acreditar su estancia previa en España.
"Se les pide existir en el papel
a quienes se les ha negado el derecho a existir en la estructura formal
de la sociedad", han señalado.
Desde la entidad han incidido
así en el valor simbólico de algunos de los documentos presentados por
los inmigrantes que tratan de participar en el proceso.
"Hay una que nos
detiene el pulso por su carga dramática y tierna. Es un certificado de
donación de sangre", han señalado al considerar que este gesto por parte
de una persona irregular representa "la humanidad desbordante".
"Mientras el sistema les da la espalda, ellos ofrecen su propia
sangre para salvar la vida de ciudadanos que sí tienen papeles y luego
ese mismo gesto de humanidad se convierte en prueba administrativa", han
estimado antes de recordar que, a diferencia de otros países, la
donación de sangre, plasma y hemoderivados es un acto altruista que no
se recompensa.
También
han llamado la atención en otro de los documentos "más pintorescos"
aportados a un expediente, que demuestra la "dignidad del rebusque" al
tratarse de una factura formal --con IVA desglosado y todos los
requisitos formales-- emitida por un chatarrero con un valor de ocho
euros.
"Pertenece a un muchacho que, en los periodos en que
baja el trabajo en el invernadero, se busca la vida recorriendo las
calles, recuperando metales y objetos desechados para darles una segunda
oportunidad", han explicado al considerar que esta es una muestra de
"economía de supervivencia" por parte de "quien no se rinde" y de quien
"hace economía de subsistencia con creatividad y esfuerzo".
Además, han advertido que el documento encierra "una ironía suprema"
puesto que, según han destacado, "el joven está cumpliendo con la
legalidad fiscal" al pagar impuestos del IVA "mientras el Estado le
mantiene en la alegalidad residencial", lo que interpretan como una
"voluntad inquebrantable de participar en el sistema".
Otras
de las pruebas que se encuentran con frecuencia son los comprobantes de
envío de dinero a sus países de origen; un documento bancario o de
agencia de envío que "en la realidad del SJM es la prueba del sacrificio
personal" ya que son "cantidades modestas en apariencia" pero "inmensas
en significado".
"Detrás de cada recibo hay hombres y mujeres
que sobreviven en condiciones laborales que rozan la explotación,
cobrando apenas cinco o seis euros la hora en sectores como la
agricultura intensiva bajo plástico, los invernaderos de la huerta de
Europa", han manifestado en cuanto a la situación laboral de muchos de
los migrantes de Almería.
Con ello, han valorado en estos
envíos una "disciplina casi heroica" de quienes "consiguen separar 80 o
100 euros cada mes, o cuando pueden, para enviarlos a su familia al otro
lado del océano".
"Las remesas no son solo gestos
individuales; son un motor económico global", han considerado en cuanto a
ese "recibo arrugado" que "no solo demuestra que el remitente estaba en
una ventanilla de una ciudad española en una fecha concreta" sino
también que "a pesar de la precariedad, esa persona es el sostén de una
familia".

