SEVILLA.- La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha celebrado en la mañana del lunes unas jornadas técnicas para analizar su actuación durante las borrascas que afectaron a la cuenca entre el 28 de enero y el 7 de febrero de 2026.
Desde la entidad han subrayado la importancia
de que las administraciones competentes elaboren y actualicen sus planes
de emergencia basándose en las Áreas con Riesgo Potencial Significativo
de Inundación (Arpsis).
Tal y como ha emitido la entidad en
una nota, durante el encuentro, al que han acudido unas 200 personas, se
han presentado los informes más recientes elaborados por el organismo
que desvelan que la comparación de los mapas de inundabilidad de la CHG
con las imágenes captadas por el satélite Copernicus en los días del
episodio demuestra una coincidencia "muy elevada" entre la extensión
real de las inundaciones y las zonas previstas en los mapas de
peligrosidad.
Las jornadas, que han corrido a cargo del
comisario de Aguas de la CHG, Alejandro Rodríguez González, y de la
directora técnica, Nuria Jiménez Gutiérrez, han sido inauguradas por la
presidenta de la CHG, Gloria María Martín Valcárcel, que ha valorado el
trabajo del organismo "durante un mes muy complicado, en el que el
personal ha trabajado de forma impecable" en un episodio, "que ha
aportado mucha información de cara a la gestión futura que haga la
Confederación", ha indicado la presidenta.
Por su parte,
Valcárcel ha enfatizado en "la gran cantidad de trabajo que queda por
delante" para subsanar los daños ocasionados por este episodio y ha
destacado que la entidad cuenta con 61 millones para llevar a cabo estas
obras de emergencia.
Durante su presentación, el comisario de
Aguas ha indicado que, salvo en Dúdar y Quéntar, dos localidades de
Granada donde ha habido un periodo de retorno de 500 años, en el resto
de la cuenca se ha vivido un T10 --situación que puede repetirse cada
diez años--.
En esta línea, ha explicado que el análisis de
este episodio ha permitido calibrar los modelos existentes, lo que
incrementará su fiabilidad de cara a futuros eventos. En contexto, las
Arpsis no solo identifican las zonas inundables, sino que también
permiten estimar cuántas personas se verían afectadas en distintos
escenarios de crecida y con qué periodicidad podrían repetirse estos
episodios.
"Al final de todo esto están los planes de
emergencias, y quiero hacer ver que tenemos una precisión muy importante
de lo que puede pasar en el caudal del río", ha indicado el comisario,
al tiempo que ha afirmado que "con nuestros modelos se saben qué
personas se van a ver afectadas con un caudal determinado, por lo que es
necesario que se anticipen y creen un plan antes de que sucedan los
episodios".
Según la CHG, la mayor parte de las afecciones que
se han producido durante los temporales en los 60 municipios afectados
han sido en tramos ya considerados como Arpsis, en concreto 28 tramos.
En relación, el responsable ha subrayado la importancia de preservar
la funcionalidad de las llanuras de inundación, que actúan como zonas
naturales de expansión del río y permiten almacenar grandes volúmenes de
agua durante las avenidas.
Su ocupación o alteración incrementa el
riesgo en áreas urbanas y dificulta el funcionamiento natural del
sistema fluvial. Así, por ejemplo, en Lora del Río (Sevilla) la llanura
de inundación llega a almacenar 42 hm3 y en Almodóvar del Río (Córdoba)
casi doce hm3, en un episodio T10.
Por su parte, la directora
técnica de la CHG ha presentado el trabajo realizado por los técnicos de
la CHG durante las dos semanas de lluvias extremas. Durante ese
periodo, la precipitación media acumulada alcanzó los 340 l/m2, con
picos que llegaron a 800 l/m2 en algunos puntos de la cuenca.
La experta ha explicado que la anticipación y el seguimiento continuo,
en tiempo real, de los caudales en toda la demarcación fueron
determinantes durante el episodio. A ello se sumó la gestión precisa de
la laminación en las presas, que permitió reducir de forma significativa
los efectos del temporal para evitar daños mayores.
"Los
grandes embalses, como el del Tranco, el Negratín o Breña han hecho que
la situación no sea tan crítica", ha explicado la experta, que ha
resaltado que la labor de los técnicos de la CHG se situó en contener
los desembalses cuando era mayor la crecida aguas abajo, para
desembalsar una vez que el momento de crecida había pasado.
"La aportación máxima, el 5 de febrero, a los embalses de la cuenca fue
de 10.940 m3/seg y el máximo desembalse que se llevó a cabo fue de 3.880
m3/seg y con un retraso de 16 horas. De este modo, el efecto es doble:
disminución y retraso en el tiempo", ha relatado Jiménez.
El
episodio, que ha supuesto un aumento del volumen embalsado de 3.800 a
6.500 hm3, ha dejado los embalses del Guadalquivir en un 81 por ciento
de su capacidad "y una experiencia que conlleva un aprendizaje de cara
el futuro".
De este modo, con las primeras alertas de la Aemet
"se comenzó a calcular la cantidad de agua que podía llegar a entrar en
la cuenca para tomar de forma rápida las primeras decisiones. Se hizo
el análisis con el caudal estimado, la precipitación máxima prevista y
el volumen de escorrentía", ha relatado la responsable, a partir de ahí
el trabajo de los técnicos se situó en el análisis que minuto a minuto
hacía el SAIH con el fin de "milimetrar los desembalses y coordinarse
con emergencias y administraciones autonómicas y locales".
"El
conocimiento de los datos fue clave, en algunos casos se perdieron
puntos de control por las crecidas, pero en menos de 24 horas teníamos
otro instalado", ha indicado.
En total, la CHG cuenta con 439
puntos de control y 3.400 sensores, gracias a los cuales la entidad
pudo, además de realizar su gestión de laminación, avisar de la
situaciones de mayor riesgo a los servicios de emergencias con 217
boletines compartidos durante los días de lluvias y el aviso de 25
embalses relevantes.
"Ha sido buenísima la colaboración con
Protección Civil, la Aemet y la Junta de Andalucía", ha indicado
Jiménez. Una gestión en una situación extrema que, según concluyen ambos
expertos, ha servido para evitar daños mayores y para anticipar planes
de acción de cara a futuros episodios similares.
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