miércoles, 4 de marzo de 2026

El enclave arqueológico 'Puerta de Almería' recibió 6.350 visitantes en 2025, un 23,3% más que el año anterior

 ALMERÍA.- El Enclave Arqueológico Puerta de Almería ha recibido durante 2025 un total de 6.350 visitantes, lo que supone un incremento del 23,3 por ciento respecto al año anterior, según ha destacado el delegado territorial de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta en Almería, Juan José Alonso, durante una visita al yacimiento situado en el Parque Nicolás Salmerón de la capital.

El enclave alberga algunos de los restos arqueológicos romanos mejor conservados de la ciudad, correspondientes a una factoría de salazones, junto a los restos de una de las puertas de la muralla islámica que cerraba Almería por el sur. El yacimiento es de titularidad de la Junta de Andalucía y está gestionado por la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.

Durante la visita, Alonso ha señalado que "la importancia de este yacimiento también radica, además de por la relevancia de su contenido, en que fue la primera vez que en Almería se realizó una excavación arqueológica urbana, lo que propició un debate social en torno a la conservación de este tipo de restos".

El centro se organiza en tres salas que abordan diferentes contenidos en función de los restos arqueológicos hallados. La primera de ellas ofrece un audiovisual sobre el proceso de formación de un yacimiento arqueológico y su posterior excavación, además de explicar la repercusión social que tuvo la aparición de estos restos en la ciudad y el debate público que generó en la prensa local sobre su conservación y puesta en valor.

En la denominada sala Norte se conservan seis balsas romanas pertenecientes a una factoría de salazón de pescado que estuvo en funcionamiento desde el siglo I después de Cristo hasta el IV.

Este tipo de instalaciones se utilizaba para la elaboración de salazones o para producir 'garum', una pasta o salsa "muy apreciada en la época romana" elaborada con vísceras y desechos del pescado.

La sala central alberga los restos de la muralla medieval islámica que cerraba la ciudad de Al-Mariyya por su frente sur, entre los que se encuentran los cimientos de una de sus puertas, situada entre dos torres cuadrangulares que protegían la entrada y que da nombre al enclave.

Esta puerta, conservada a nivel de cimientos, medía seis metros y, dada su proximidad al lugar donde se construían los barcos, algunos autores han interpretado que podría tratarse de la puerta de las atarazanas.

La construcción de esta muralla se remonta a mediados del siglo X y permaneció en uso durante toda la época islámica, hasta el siglo XIX, cuando fue derribada para abrir la ciudad al mar.

Durante el recorrido por el enclave, el responsable de Cultura ha recordado que Almería surgió como puerto de la ciudad de Bayyana, situada a unos ocho kilómetros de la costa en el actual término de Pechina.

La economía de Bayyana se basaba en la agricultura, la fabricación de tejidos de seda y el tráfico de esclavos, actividades comerciales que tenían salida marítima a través de Almería, que en ese momento era únicamente un enclave portuario.

Durante el siglo X la ciudad se convirtió en sede de la flota del Califato, desde donde partían expediciones navales hacia el norte de África y el Atlántico para frenar el avance de las embarcaciones normandas.

A mediados de ese mismo siglo, en el año 955, una escuadra fatimí atacó la ciudad y destruyó las atarazanas y gran parte de las infraestructuras navales existentes. Tras este episodio, el califa Abd al-Rahman III decidió dotar a la ciudad de murallas, de las que hasta entonces carecía, y concederle la categoría de madina o ciudad.

El origen del actual enclave se remonta a noviembre de 1984, cuando durante unas obras para construir un edificio en un solar situado entre la calle de la Reina y el Parque Nicolás Salmerón aparecieron estructuras arqueológicas y abundante material cerámico de época medieval.

El hallazgo fue comunicado a la Junta de Andalucía, que paralizó las obras e inició una excavación arqueológica de urgencia. Durante esta intervención se documentaron las seis balsas romanas de la factoría de salazones y la muralla islámica de época califal con una de sus puertas.

El descubrimiento abrió entonces un debate sobre la conveniencia de conservar estos restos en un momento en el que todavía no existía una legislación autonómica específica en materia de patrimonio.

Este debate, que tuvo un "amplio calado social", junto con la decisión final de conservar los restos y modificar el proyecto de obra original, "sentarán un precedente" en el tratamiento y conservación de los restos arqueológicos que en el futuro aparezcan en el ámbito urbano.

En un primer momento se planteó su musealización al aire libre, aunque finalmente los restos se integraron en el actual enclave arqueológico, que abrió al público en 2006.

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