ALMERÍA.- Una mujer de 63 años afronta el próximo lunes 23 de febrero el desahucio
de la vivienda en la que reside en la zona de Playa Serena, en Roquetas
de Mar, junto a su marido, de 77 años, enfermo de cáncer de
próstata y Alzheimer, y en cuidados paliativos, al que atiende las 24
horas del día.
La afectada ha asegurado que no
cuestiona la propiedad del inmueble ni la resolución judicial, pero
reclama una alternativa habitacional que le permita permanecer junto a
su esposo.
La única opción que, según expone, le han
trasladado los servicios sociales contempla el ingreso de él en una
residencia y la búsqueda para ella de una habitación en un piso
compartido, ante la imposibilidad de acceder a un alquiler con los
ingresos de los que disponen.
La pareja cuenta con la pensión
de jubilación del marido, de 1.160 euros mensuales, cuantía que, según
sostiene, no resulta suficiente para que los propietarios les acepten
como inquilinos al tratarse de su única fuente de ingresos.
Asegura que
durante los últimos años ha intentado formalizar un contrato de
arrendamiento, pero no ha superado los filtros que exigen los
propietarios en la zona.
La resolución que fija el lanzamiento
fue notificada el 28 de enero por el Juzgado de Primera Instancia
nº 5 de Roquetas de Mar, que rechazó la suspensión solicitada por la
defensa al tratarse de un procedimiento por precario, al no existir
contrato en vigor que ampare su permanencia en la vivienda.
El intento
de desahucio ya se produjo la pasada semana, cuando acudieron
representantes judiciales y agentes policiales, aunque quedó aplazado
durante siete días.
El matrimonio, formado por Gloria Patricia
Velásquez, de origen colombiano, y Dick Beekhus, de origen neerlandés,
casados desde hace 12 años, llegó a la provincia en 2018 procedente de
Holanda y formalizó entonces un contrato de alquiler con una
inmobiliaria.
Tras la finalización del acuerdo inicial, la
mujer asegura que continuó abonando la renta, fijada en 450 euros,
durante un periodo en el que ya no existía contrato. Posteriormente, la
vivienda fue vendida a nuevos propietarios y, según relata, se les
concedió un plazo de dos años para encontrar otra casa.
El
hombre permanece encamado, no puede caminar ni incorporarse por sí mismo
y precisa cama hospitalaria y grúa para su movilización. Desde hace
seis años cuentan con un servicio municipal de ayuda a domicilio durante
varias horas al día, aunque es ella quien asume la mayor parte de los
cuidados, higiene, alimentación y medicación.
A pocos días del
desahucio, la mujer asegura que continúa abonando los suministros de
luz y agua y que ha iniciado la venta de parte de sus muebles.
"Lo único que pido es que me dejen estar con mi esposo", ha añadido, apelando a que se tenga en cuenta su situación marcada por la enfermedad y la dependencia.
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