MURCIA.- El enigmático enterramiento de un hombre con una piedra en la boca, descubierto en el yacimiento argárico de La Almoloya, en Pliego, ha despertado el interés de la prensa internacional. El periódico The Times of India publicó el 30 de octubre una información sobre el estudio de Marco Mazón Gomariz, de la Universidad Complutense de Madrid, que propone interpretar el tratamiento del cadáver como un posible ritual destinado a someter simbólicamente fuerzas asociadas al caos, y no únicamente como un castigo o una humillación.
La investigación, titulada Trampling the Enemy: A Possible Magical Ritual of Annihilation in El Argar —«Pisotear al enemigo: un posible ritual mágico de aniquilación en El Argar»—, apareció el pasado 5 de octubre en ’Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones. Analiza la sepultura del individuo identificado como AY5, un hombre de unos cuarenta años y aproximadamente 1,63 metros de estatura, enterrado hace alrededor de 3.700 años.
Bajo el hogar y bajo los pies de los vivos
La singularidad del hallazgo reside en la disposición del cuerpo. Fue colocado entre dos niveles de pavimento de la sala H9, con la parte inferior bajo un hogar y el rostro a apenas un centímetro de la superficie por la que caminaban los ocupantes de la estancia. Una piedra de gran tamaño había sido introducida en su boca y la sepultura carecía de ajuar funerario.
Esta ubicación permitía que quienes atravesaban la sala pisaran repetidamente la zona que cubría el rostro del difunto. Las interpretaciones anteriores habían destacado el carácter degradante de ese tratamiento y la posibilidad de que la piedra expresara un intento de silenciarlo. Mazón Gomariz plantea que esos elementos pudieron formar parte de una operación religiosa más compleja.
Paralelos con Egipto y el Próximo Oriente
Según resume el diario indio, el estudio establece comparaciones con prácticas del antiguo Egipto y del Próximo Oriente, donde pisotear a un enemigo podía simbolizar su sometimiento y el restablecimiento del orden frente al caos.
También examina rituales en los que figurillas que representaban amenazas eran dañadas, enterradas o pisoteadas para neutralizar aquello que encarnaban.
Desde esta perspectiva, la piedra en la boca, la proximidad del hogar y el tránsito sobre el rostro podrían responder a una misma finalidad: impedir que el individuo siguiera ejerciendo una influencia considerada peligrosa después de su muerte. Se trata de una hipótesis interpretativa, no de una explicación demostrada.
Una sala de posible uso político y religioso
El lugar del enterramiento añade interés al caso. La sala H9 era un espacio semisubterráneo de unos setenta metros cuadrados, con bancos capaces de acoger aproximadamente a cincuenta personas, una plataforma elevada y un hogar rehundido.
Mazón Gomariz propone que pudo combinar funciones políticas y religiosas, de modo que la presencia del cadáver bajo el suelo adquiriera un significado especial durante las reuniones o ceremonias.
La identidad del hombre continúa siendo desconocida. El periódico señala que un análisis genético lo relaciona como pariente de tercer grado con otros dos individuos enterrados en La Almoloya, dato que apunta a sus vínculos con la comunidad y desaconseja considerarlo necesariamente un enemigo procedente del exterior.
El investigador contempla que hubiera desempeñado una función política o religiosa antes de caer en desgracia, aunque no existen pruebas concluyentes para identificarlo como sacerdote o autoridad.
El esqueleto tampoco presenta lesiones claras que permitan determinar cómo murió. No puede afirmarse, por tanto, que fuera ejecutado. Sin testimonios escritos que expliquen las creencias argáricas, el sentido exacto del enterramiento sigue abierto.
La publicación en The Times of India da proyección internacional a un hallazgo de Pliego que continúa planteando preguntas sobre la relación entre muerte, poder y religión en la sociedad de El Argar.
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