MADRID.- En 2026, el cambio del horario de invierno al de verano se producirá en la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo. En ese momento, habrá que adelantar los relojes para que, a las 2:00, sean las 3:00.
Aunque la mayoría de dispositivos digitales realizan este ajuste automáticamente, quienes utilicen relojes analógicos o despertadores manuales deben hacerlo la noche anterior para evitar confusiones.
Este cambio implica dormir una hora menos, algo que suele afectar especialmente a quienes valoran el descanso. En contraste, cuando se produce el ajuste de otoño, los relojes se retrasan y se gana una hora adicional de sueño.
Según el Observatorio Astronómico Nacional, en esta época del año las horas de luz aumentan con mayor rapidez, especialmente en latitudes como las de la península ibérica. El Sol sale cada día más de un minuto antes y se pone más de un minuto después, lo que hace que la duración del día crezca cerca de tres minutos diarios al inicio de la estación.
El marco legal actual se basa en la Directiva Europea 2000/84/CE, que establece que todos los países de la UE deben aplicar cambios de horario estacionales.
Aunque en 2019 el Parlamento Europeo votó a favor de eliminar estos cambios, la falta de consenso entre los Estados miembros mantiene el sistema activo.
Según la Comisión Europea, el calendario de cambios continuará hasta 2031 mientras no se acuerde una reforma comunitaria definitiva, por lo que parece indicar que habrá más ajustes en los próximos años.
La Comisión Europea realizó en 2018 una consulta pública sobre el cambio de hora que reveló un apoyo abrumador a su supresión: el 84% de los 4,6 millones de participantes se mostró a favor de eliminar el ajuste estacional.
En España, los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2023 reflejan una tendencia similar. Según la encuesta, el 65,8% de los españoles respaldaría eliminar el cambio de hora, mientras que un 68% prefiere mantener el horario de verano, destacando la preferencia social por más luz por la tarde.
En España, esta práctica se estableció de forma definitiva en 1974, en plena crisis del petróleo, con el objetivo de disminuir el gasto energético. Desde entonces se mantiene el sistema de adelantar y retrasar el reloj según la época del año (Invierno: Último domingo de octubre - Verano: Último domingo de marzo).
El principal objetivo del cambio de hora es ahorrar energía al aprovechar de manera más eficiente la luz natural: al adelantar los relojes una hora, amanece antes y los horarios de la población se ajustan a la luz del día, aunque cada vez parece tener menos impacto real en el ahorro energético de los ciudadanos.
Este ajuste se realiza siempre durante la madrugada para reducir al mínimo su impacto en la vida cotidiana, tanto en lo económico como en lo fisiológico.
Los expertos en cronobiología y sueño coinciden en que el horario de invierno es el más beneficioso para la salud a largo plazo, ya que se ajusta mejor a la luz solar natural. Esta alineación favorece los ritmos circadianos, mejora el rendimiento cognitivo y puede reducir el riesgo de problemas de salud.
Entre sus ventajas, destacan que el amanecer más temprano ayuda a sincronizar el organismo, mejora la calidad del descanso y reduce la fatiga asociada a los desajustes horarios prolongados.
Sin embargo, a nivel social ocurre lo contrario: la mayoría de los ciudadanos, especialmente en España, prefiere el horario de verano porque permite disfrutar de más horas de luz por la tarde, facilitando el ocio y las actividades al aire libre.
Por ello, las instituciones europeas están valorando las ventajas y los inconvenientes antes de adoptar una postura definitiva, con el reto de alcanzar un consenso que permita implantar un horario fijo en todo el bloque europeo.
España y los países europeos no son los únicos que aplican el cambio de hora, pero cada vez más Estados optan por mantener el mismo horario durante todo el año.
Los especialistas en cronobiología señalan que el paso al horario de verano suele ser más complicado para nuestro ritmo de vida, debido a la pérdida de una hora de sueño. Esto implica que nuestro organismo necesite más de dos y tres días para adaptarse al nuevo ritmo.
En la actualidad, el cambio horario se utiliza en casi toda Europa, con la excepción de la parte europea de Rusia y Turquía.
Actualmente, numerosos países ya no realizan el ajuste estacional, como Rusia, Bielorrusia, Turquía, Islandia, China o Japón, entre otros. En América, la mayor parte de países de Sudamérica y Centroamérica tampoco lo aplica, aunque existen excepciones como Chile o Paraguay.

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