jueves, 28 de marzo de 2019

¡Nací en el Mediterráneo! ¿Qué le vamos a hacer? / Guillermo Herrera *

Siempre me he preguntado por el sentido existencial que tiene en mi vida el hecho de haber nacido y vivido la mayor parte de mi vida a orillas del mar Mediterráneo, aparte de ser un buen nadador y comedor de pescado. Siempre me he sentido diferente a las personas de secano, de tierra adentro, por lo que estoy convencido de que haber nacido en la orilla del Mare Nostrum imprime carisma como el sacerdocio.

No soy ladrón, ni embustero, ni me gusta el vino ni el juego, ni tengo alma de marinero. Quizás un poco de lo último, pero me mareo cuando subo a un barco, a pesar de que mi padre fue pescador deportivo con una gran lancha propia. Cada vez que lo acompañaba a alta mar, tenía que atiborrarme de Biodramina, y aún así me ponía amarillo del mareo, y el mundo me seguía dando vueltas cuando llegaba a tierra.

GEOGRAFÍA
El mar Mediterráneo está rodeado por la región comprendida entre Europa meridional, Asia Occidental y África septentrional. Fue testigo de la evolución de varias civilizaciones como los egipcios, fenicios, hebreos, griegos, cartagineses, romanos, etc. Sus aguas bañan tres penínsulas del sur de Europa (Ibérica, Itálica y Balcánica) y una de Asia (Anatolia).

El mar Mediterráneo se encuentra localizado en zonas templadas y subtropicales. Está rodeado por tierras continentales de amplia extensión, dotándolo de una climatología propia caracterizada por veranos muy cálidos y secos, inviernos moderados y un periodo que concentra buena parte de las lluvias durante la primavera.

Yo vivo en el mar de Alborán, que es la parte más occidental del mar Mediterráneo. Tiene por límites: al norte, la costa peninsular de España; al sur, las costas africanas de Marruecos, España -por Ceuta, Melilla, Chafarinas, Alhucemas y Vélez de la Gomera- y Argelia; al oeste, el estrecho de Gibraltar, que lo conecta con el océano Atlántico; y al este, en general, una línea imaginaria que va desde el cabo de Gata (Almería), en España, hasta el cabo Fegalo, en Argelia, al oeste de la ciudad de Orán. Mi ciudad fue llamada Portus Magnus o Puerto Grande por los romanos.

Precisamente el volcán submarino más conocido del mar de Alborán, es el banco de Chella o “Seco de los Olivos” que está situado frente las costas de Almería. El mar de Alborán es una zona de transición entre dos mares, siendo una mezcla de ambos ecosistemas. Es el hábitat de la mayor población de delfines nariz de botella del Mediterráneo occidental, el hogar de la última población de marsopas comunes del Mediterráneo, y el más importante campo de alimentos de tortugas marinas de Europa.

CULTURA
El Mediterráneo es muchas cosas, pero sobre todo Cultura con mayúscula. Siempre ha sido cuna de artistas, filósofos, místicos, científicos, poetas, escritores y hasta periodistas como yo. Muchas grandes civilizaciones del mundo nacieron a orillas de este mar y las tres grandes religiones se bañaron en sus costas. Algo debe tener el agua cuando la bendicen. Tartesos, etruscos, fenicios, hebreos, cartagineses, hititas, egipcios, griegos, romanos, turcos, iberos y hasta atlantes. Todos hemos sido hijos de este bendito mar.

Las personas del Mare Nostrum somos de fuego, atemperadas por el agua del mar. Somos muy emotivos, pero no nos avergonzamos de manifestar nuestros sentimientos como los británicos. También somos profundos como el mar. La mafia siciliana fue la parte oscura del Mediterráneo, igual que las guerras de religión que aquí se libraron, pero también tiene otra parte muy luminosa que es su verdadera identidad.

Los hippies buscaron el Mediterráneo en Ibiza, y el turismo moderno en las islas griegas, porque aquí existe un ambiente de saber vivir y gozar de la vida con las cosas sencillas como la gastronomía. Yo reinvindico la Costa de Almería, que este año se ha convertido en capital española de la gastronomía.

Los hippies venían a Ibiza a contemplar una puesta de Sol frente al mar y el espectáculo los dejaba anonadados. Es imposible ser ateo después de emocionarse con esta belleza natural. ¡Qué grande eres Dios mío!

Los caballos se marean cuando contemplan el deslizamiento incesante de las olas del mar sobre la arena de la playa, pero este espectáculo también invita a reflexionar sobre la transitoriedad de la existencia explicada por Buda en su doctrina de la impermanencia y expresada magistralmente por el poeta Antonio Machado: “Caminante no hay camino, sino estelas en la mar.”

Pero el Mediterráneo también tiene su parte de tragedia griega por la gran cantidad de pobres emigrantes africanos que naufragan en sus aguas cuando intentan llegar a Europa.

ESTILO DE VIDA
Estados Unidos quiere imponer a todo el mundo el estilo de vida americano, pero yo reivindico sobre todo el estilo de vida mediterráneo, que es mucho menos neurótico. Aquí sabemos vivir, comer, trabajar y hasta descansar con buenas siestas, sin prisas ni estrés. No hace falta irse a una isla perdida en los mares del sur para encontrarlo, porque aquí lo tenemos.

Nacer aquí no es algo ni superior ni inferior, sino algo inevitable. “¿Qué le vamos hacer si yo nací en el Mediterráneo?” Es el sentido del destino inevitable de las cosas que se halla en la tragedia griega o en el fatalismo del Islam. Pero también hay otro sentido de lucha y creatividad, porque el Mare Nostrum ha sido la cuna de la civilización y de los derechos humanos, además de semillero de artistas.

La historia de la Humanidad es fascinante, y parte de ella se desarrolla frente a las olas del mar Mediterráneo. Este crisol de culturas nos ha dado tolerancia, compasión, tomarse la vida con filosofía, y sobre todo amor y pasión, mucho amor.

Pero voy a dejar de generalizar para resumir mi experiencia. Para mi, personalmente, el Mediterráneo es una creatividad extraordinaria, una imaginación desbordante, y un sentido místico de la existencia. Quizás la vida me haya colocado en este mar para que aprenda a ser un poco menos serio, porque en el Mediterráneo hay mucho amor, vida, risa y fantasía, y sobre todo una celebración de la vida constante.




(*) Periodista

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