MADRID.- El informe publicado por un congresista próximo a Donald Trump en el que se cuestiona la soberanía española de Ceuta y Melilla ha provocado un terremoto en Marruecos, donde se interpreta que Estados Unidos ha dado un paso firme para apoyar la reivindicación que Rabat mantiene sobre ambas ciudades autónomas.
Desde el otro lado del Estrecho hablan de un nuevo contexto diplomático y mantienen que las dos ciudades están sometidas a la “colonización” o que son aún un “presidios ocupados”.
El epicentro se ubica en el informe elaborado por el congresista republicano de origen cubano Mario Díaz-Balart para el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
En él sostiene que Ceuta y Melilla, aunque administradas por España, están situadas en “territorio marroquí” y siguen siendo objeto de reclamación por parte de Marruecos.
El texto insta además al secretario de Estado Marco Rubio, mano derecho de Donald Trump para la política exterior, a promover un acuerdo diplomático entre España y Marruecos sobre el estatus futuro de ambas ciudades, una formulación que encaja en las históricas reivindicaciones de Rabat sobre Ceuta y Melilla.
El momento no es casual. Este posicionamiento se enmarca en un contexto de grave deterioro en las relaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la administración estadounidense, tras los últimos choques por la inversión en defensa y la postura de España sobre la guerra de Irán, negando el apoyo en Rota y Morón a los aviones militares estadounidenses.
De forma paralela, Estados Unidos avanza en su relación estratégica con Marruecos, al considerarlo su aliado natural en la región para la contención de diversas amenazas y desafíos: desde el terrorismo yihadista hasta los flujos migratorios irregulares, pasando por la creciente influencia de China y Rusia en África.
Estados Unidos y Marruecos preparan una cumbre militar que se celebrará en diciembre en Washington, en el marco del Comité Asesor de Defensa bilateral, con el objetivo de reforzar la cooperación estratégica militar.
El encuentro busca concretar una hoja de ruta para ampliar la colaboración armamentística y operativa, en un contexto de creciente sintonía política y militar entre Washington y Rabat.
Además, un asesor adscrito a la Casa Blanca ya ha elaborado y presentado al presidente Donald Trump un dossier en el que se incluyen referencias a Ceuta y Melilla favorables a los intereses de Marruecos.
Dicho informe ha sido discutido en la residencia del presidente de Estados Unidos ubicada en Mar-a-Lago (Palm Beach, Florida).
Los medios de comunicación afines al Gobierno marroquí dan por hecho el respaldo de Estados Unidos a sus pretensiones. Recuerdan que Donald Trump ya respaldó el plan de soberanía de Mohamed VI sobre el Sáhara Occidental. Ocurrió en diciembre de 2020, al final del primer mandato del presidente de Estados Unidos.
Y lo hizo como parte de un acuerdo diplomático más amplio, con la normalización de las relaciones entre Marruecos e Israel tras los acuerdos de Abraham.
El espaldarazo de la administración Trump fue definitivo para que otros países del entorno también apoyasen el plan de Marruecos con el Sáhara Occidental.
Tan estrecha es esta nueva relación que desde Marruecos sacan paralelismos entre lo que ocurrió en el Sáhara Occidental con la situación de Ceuta y Melilla. La prensa marroquí insiste en que las dos ciudades autónomas están sometidas a la “colonización española” y hablan de ellas como “territorios ocupados” o “presidios”.
No son escasas las referencias de dirigentes marroquíes reivindicando Ceuta y Melilla. Una de las más sonadas fue la carta que un alto cargo de Exteriores marroquí envió al Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, donde hablaba de Melilla como “presidio ocupado”.
Una reivindicación que Rabat no esconde; más aún tras haber logrado el apoyo de una parte destacada de la comunidad internacional en su plan sobre el Sáhara. Y que ahora, tras el nuevo escenario diplomático con Estados Unidos, resurge con fuerza en Marruecos, con el objetivo —cuanto menos— de debatir la soberanía de las ciudades autónomas españolas, según Voz Pópuli.
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