viernes, 1 de febrero de 2019

¿Por encima del bien y del mal? / Guillermo Herrera *

Cada vez que escucho la frase  “más allá del bien y del mal”me echo a temblar, y hasta me dan nauseas, porque es la excusa perfecta de los malos para tratar de justificar sus tropelías. Esa frase nunca la dice la buena gente, sino la mala.

Ellos dicen que “todo es un juego” y que “no tiene importancia”, pero si es un juego, que se vayan a jugar a otra parte y dejen de hacer daño a la gente. Incluso hay budistas que dicen que el sufrimiento es una ilusión, y puede que sea verdad, pero es una ilusión muy real, que amarga la vida a todo el mundo.

El bien es aquello que, en sí mismo, tiene el complemento de la perfección, en su propio género, o lo que es objeto de la voluntad, la cual ni se mueve ni puede moverse sino por el bien, mientras que el mal es lo que se aparta de lo lícito y honesto, el daño u ofensa que alguien recibe en su persona o hacienda, y también se puede traducir por desgracia, calamidad, enfermedad o dolencia.

Hay teólogos que dicen que Dios está por encima del bien y del mal, pero a mi juicio Dios no es el mal sino el máximo bien al que puede aspirar cualquier persona para liberarse del sufrimiento y regresar a la Fuente Original de la Creación Universal de la que procede.

JUNG Y NIETZSCHE
Más allá del bien y del mal” es uno de los textos fundamentales de la filosofía del siglo XIX, del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Atacaba en él lo que consideraba el vacío moral de los pensadores de su siglo, la falta de sentido crítico alguno de los autodenominados moralistas, y su pasiva aceptación de la moral heredada judeo-cristiana.

Por su parte, lo que más le interesó al famoso médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung, cuando viajó a la India en 1.938, fue el posicionamiento de dicha cultura frente al concepto del mal. 

A su juicio, mientras que para la cultura occidental el objetivo es el bien, intentando desechar el mal, para la India, la meta se hallaría en un estado más allá del bien y del mal, al cual se podría acceder a través de la Meditación o el Yoga. El fin último sería estar al margen, y alcanzar la liberación de los opuestos.

Sin embargo, a mi todo esto me suena a música celestial: yo estoy absolutamente en desacuerdo con el maestro Jung en este punto, puesto que hay grandes yoguis y lamas tibetanos que practican la caridad cristiana, que es idéntica a la budista, por encima de todo, es decir, que se han posicionado claramente a favor del bien para alcanzar la liberación. Porque nadie se puede liberar haciendo daño a los demás.

No se puede estar por encima del bien y del mal en un mundo tan degradado como el que vivimos, sino que hay que apostar fuertemente por el bien para tratar de regenerarlo, máxime cuando existen tantas necesidades urgentes que arreglar, como los cuatro jinetes del apocalipsis, a quienes se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra: la guerra, la hambruna, la enfermedad y la muerte, sin olvidar la mayor de todas las enfermedades humanas, que es la ignorancia.

APOCALIPSIS
El Libro de las Revelaciones o Apocalipsis de san Juan, es el único libro del Nuevo Testamento de carácter exclusivamente profético. En él de habla de Babilonia, que representa la ciudad perversa y caótica, y de la Nueva Jerusalén, que representa la ciudad santa. También se habla de los cuatro jinetes del Apocalipsis:

El caballo rojo representa la guerra, el caballo negro representa la hambruna y la pobreza, el caballo verde o amarillo representa la enfermedad, y el caballo blanco representa la muerte, por el hecho de que vence siempre. El hambre del caballo negro es el de aumentar el precio del grano, y una continua abundancia de lujos para los ricos, mientras que alimentos básicos como el pan son escasos.

Vendrá guerra o rumores de guerra”, como dijo Jesús, y éste es el comienzo de los dolores, pero aún no es el fin. Jamás hasta ahora se había visto en el mundo la guerra como institución permanente de toda la humanidad (¿qué habremos hecho para merecer esto?) y, viendo dos guerras mundiales, parece como si el mundo se preparase para una tercera, pero creo que no lo permitirán los ángeles que nos protegen.



(*) Periodista


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